Siempre me gustó el modelo de Frubana. Recuerdo que, cuando salí de Rappi, intenté entrar a Frubana como diseñador UX/UI. Pero el destino me tenía otros caminos y terminé trabajando en Laika… aunque esa es otra historia. Pero el destino me tenía otros caminos y terminé trabajando en Laika… aunque esa es otra historia, cuando una ballena muere y cae al fondo del océano, no es solo el final de un gran animal: es el inicio de un ecosistema nuevo. Su cuerpo alimenta a miles de especies durante años. De la descomposición surge vida, creo que algo de esa vida también empezará a surgir de la muerte de Frubana, porque detrás de cada fracaso hay que reconocer la valentía y el camino recorrido.

Así siento la caída de Frubana, la startup que recaudó $271M USD y terminó quebrando. Muchos hoy solo ven la carcasa flotando y señalan: “crecieron demasiado rápido”, “el modelo Silicon Valley no sirve en LatAm”, “los VCs se equivocaron”, pero, como en el océano, la muerte de un gigante deja nutrientes para el ecosistema.
Creo que esto nos deja varias lecciones importantes. El hecho de crecer sin control puede matar, pero no crecer también. Amazon, Tesla, FedEx… todas perdieron dinero en sus inicios. La clave no es huirle al riesgo, sino gestionarlo, el problema real no desapareció. Los restaurantes, tiendas y hoteles aún necesitan mejores canales para comprar y vender. Los empleados aprenden, aunque pierdan. Miles trabajaron en Frubana; lo que construyeron no se borra, se transforma.

Frubana no es el fin, es un recordatorio de que podemos construir modelos más pequeños, rentables y humanos, sin quemar millones y sin promesas vacías.
Creo que esta es una gran oportunidad para construir y apostar por MVPs que validen antes de escalar. Un espacio donde podamos crear con creatividad, no solo con capital. Claro, el capital es importante, pero esto nos demuestra que el mercado es cambiante, y conectar con productores y comercios de forma más justa y sostenible puede marcar la diferencia.
Mi intención no es criticar, ni mucho menos aprovecharme de esta situación. Para mí es importante analizar y entender qué mercados pueden ser fértiles para nuevos emprendimientos. La muerte de una ballena nutre el océano por décadas; la caída de Frubana puede nutrir a la siguiente generación de startups en LatAm.

Si sabemos leer esta historia no como un final, sino como un nuevo comienzo, pueden nacer emprendimientos grandes y sólidos. Al final, todo es pasajero, y cada caída, si sabemos aprender de ella, nos puede nutrir para construir algo mejor.


